En esta conversación transmitida desde la FIL Guadalajara, Carlos Muñoz González aparece en un registro distinto al de otras entrevistas: más íntimo y reflexivo, cruzando su experiencia viajera con diálogos culturales profundos. Destaca especialmente su relación con las islas —en particular las Islas Canarias— como espacios que invitan a vivir “hacia adentro”, marcados por la mezcla de culturas y una permanente hambre de universalidad. Carlos comparte una vivencia poco contada: haber pasado el confinamiento por COVID en Canarias, atrapado por el cierre aéreo, lo que le permitió experimentar una isla vacía y silenciosa, muy distinta a la península, y reafirmar su vínculo con ese territorio y con la literatura de viajes, mencionando a Alberto Vázquez Figueroa como una de sus grandes influencias.
Otro eje poco explorado en entrevistas previas es su identidad nómada llevada al extremo: Carlos confiesa que no logra sentirse “en casa” por más de tres meses en España, mientras puede vivir años en otros países sin apego ni nostalgia. No se siente español ni de ningún lugar en particular, sino ciudadano del mundo, acostumbrado al movimiento constante. Esta condición nómada no es pose ni romanticismo, sino un estado vital que define su manera de existir, de escribir y de relacionarse con los países que habita temporalmente, como Colombia o República Dominicana.
Finalmente, aporta una mirada histórica y cultural muy rica sobre los lazos entre Canarias y América Latina, especialmente Cuba, Venezuela y Uruguay, mostrando cómo la migración dejó huellas profundas en el acento, la arquitectura y la identidad compartida. Carlos insiste en que viajar permite desmontar narrativas simplistas impuestas por los medios: países estigmatizados como Irán, Afganistán o Sudán le revelaron algunos de los pueblos más hospitalarios que ha conocido. Su mensaje se aleja del turismo superficial y apunta a algo más profundo: viajar —y escuchar— es una forma de reconciliarnos con el mundo, con su complejidad y con nuestra propia identidad.