Chongquing es una ciudad encallada en un terreno montañoso. Me instalé en la parte baja de la ciudad. Para llegar a la parte alta tenía que subir cientos de escalinatas empinadas que atravesaban viviendas y edificios entre callejones. En los parques, por las mañanas, se reunían generalmente los ancianos que practicaban taichí. Como todas las ciudades de China, la gente parecía vivir en las calles. Era otra ciudad densamente poblada, pero no mega futurista como Shanghái o Hong Kong. Allí se respiraba un aire rural. Muchos eran campesinos emigrantes que llegaban en busca de trabajo. No había bicicletas debido al terreno empinado y se podían ver a las personas haciendo de porteadores con sus cañas de bambú. Por las calles se veían mesas con juegos de mahong, en los que se apostaba. Había un mundo de entretenimiento clandestino en cualquier esquina y local de Chongqing. Pero a pesar de tanta actividad frenética y callejera parecían vivir tranquilos jugando cartas, ajenos al ruido del tráfico y haciendo ejercicio en los parques cuando empezaba a despuntar el sol.
Cuando me detenía a mirar las partidas rememoraba lo vivido en Macao. Mi experiencia en los casinos me había valido de escarmiento. No me invadía ya el deseo de sentir la ambición del juego. Ahora recordaba con hondo sentimiento las Torres del Tambor y el Puente de Lluvia y Viento en Guizhou, y sobre todo la nobleza y la generosidad de la chica que me enseñó la aldea y me dio hospedaje. La vanidad se alejaba de mi alma y podía reconocer la bondad de cada vida, que eran a su vez una sola vida, la misma que entraba a mi cuerpo con cada suspiro
Bajando las inclinadas pendientes llegaba a donde vivía. Desde mi habitación se podía contemplar el río Yangtsé. No pude resistirme a la tentación de hacer un recorrido por el río antes de partir. Mi ruta empezaba en Chongqing y terminaba en Yichang, un recorrido de seiscientos cuarenta y ocho kilómetros, cruzando las majestuosas Tres Gargantas del río, en el que pude admirar templos, cañones, acantilados y altos picos montañosos que me quitaron el aliento.
Tres Gargantas del Yangtsé
Existen cruceros fluviales de varios días a través de las pintorescas y hermosa zona de las 3 gargantas, las gargantas de Qutang, Wu, Xiling. El río Yangtsé es el tercer río más largo del Mundo después del Nilo y el Amazonas con sus 6300 km, naciendo en la región del Tíbet y atravesando varias regiones de China.
La garganta de Qutang es las más corta con tan solo 8 km pero la más espectacular con gigantescos picos que se elevan ambos lados entre paisajes estrechos. La segunda garganta es la garganta Wu de 40 km de recorrido y la tercera es la garganta de Xiling de 80 km y el tramo final donde se encuentran las esclusas y el proyecto de la presa de las 3 gargantas.
El curso del Yangtsé es el proyecto hidroeléctrico más grande del mundo, una obra de ingeniería que evitó muchas muertes por causa de las grandes inundaciones en la zona, pero que obligó a desplazarse a más de 1 millón de personas de sus hogares lo que provocó la desaparición de muchos pueblos al subir el nivel de agua.
Mi crucero hacia la travesía en una día menos y mejor así pues me toco dormir en la habitación con unos chinos que fumaban todo el tiempo mientras comían pipas y cacahuetes que tiraban al suelo de moqueta junto con las colillas. Así pasé los tres días de navegación entre auténticos personajes de la China .





























China – Chengdu