
OSH
Cuando llegamos a Osh, punto central de comercio en la antigua ruta de la seda hacia China, me hospedé en el mismo hotel que Cindy y Shana, dos chicas Belgas con las que viajaba. Al día siguiente me dijeron que se iban a ver un importante lugar considerado sagrado llamado trono de Salomón, este templo localizado en una colina ha sido durante siglos lugar de peregrinaje para los musulmanes, siendo Osh uno de los centros religiosos del Sufismo en Asia central. Yo caminé hacia el bazar donde una mujer bendecía con incienso los puestos donde vendían frutos secos, carne, fruta, pieles y telas, tintes, y cuchillos. Avanzaba por un camino donde una hilera de mujeres se sentaba en pequeñas sillas. Cada cual llevaba encima suya puestas cadenas, pendientes y pulseras para la venta. Sus rasgos eran achatados, de cara redonda, y con un pañuelo cubrían el cabello, llevaban faldas con una abertura al frente encima de una bata de casa. Una de ellas se levantó, sobre su vestido largo llevaba puesto un chaleco corto.
“Barato, barato”, eso fue lo que entendí. Me hacía señales para que regateara el precio y volví a sentirme vivo entre todas esas gentes, mientras sus rostros me sonreían con bonanza, yo intentaba ser cordial. En aquel mercado se mezclaban uzbekos, kirguises, tayikos, y reconocía a los uigures, con esa barba larga gris en pico, y ojos rasgados, antiguos emigrantes convertidos al islam que habían llegado un siglo atrás, principalmente de la región Autónoma de Sinkiang en China. Después un hombre que se hacía llamar Akmal, se me acercó para venderme el popular pan redondo Naan, llevaba puesto un gorro o sombrero alto de fieltro blanco bordado con tela de terciopelo negro y una túnica larga hasta los pies. Sus antepasados de origen Túrquico se habían trasladado desde la ciudad de Fergana, en Uzbequistan a Osh, Kirguistán, capital del sur, ambas en el valle de Fergana.
– ¿Por qué se fueron los suyos a Kirguistán?
-No lo sé- contestó.
-Fue en 1925 que la URSS, durante la época de Stalin, dividió el valle de Fergana en tres estados. Y siendo estas tierras las más fértiles de Asia Central, kirguís, uzbekos y tayikos que hoy viven repartidos por los tres países se disputan las fronteras, los conflictos étnicos por los recursos, económicos y culturales de estas tres exrepúblicas soviéticas son hoy el pan de cada día. Tras la independencia de las repúblicas que trajo la división de tierras dejando el valle dividido, miles de ciudadanos nos hemos quedado separados de nuestras familias por una estrecha franja de tierra- dijo Akmal.
Desde la última revuelta, que nos levantamos los uzbekos para reclamar nuestra independencia y anexión a Uzbekistán, seguimos igual. La revolución popular de 2010 frente a las libertades democráticas y económicas en contra del presidente Kurmanbek Bakiev, produjo violentos disturbios entre las etnias uzbeca y kirguís, dejando alrededor de un centenar de muertos. Llevo años oyendo que todo mejorara, pero todo esto, solo es un cuento chino.
EN RUTA POR KIRGUISTAN
De camino a la capital del país, manadas de bravos caballos corrían libres, con ese gran porte fibroso, su cuello arqueado y la cola acicalada con largas crines, como si fueran animales halados de naturaleza mágica que solo pueden ser domados por jinetes de buen corazón, pero no estaba en la mitología griega. Kirguistán es el país de los caballos, durante siglos se considera un animal vital para la supervivencia, de hecho, la fama de aquellos caballos del valle de Fergana consolidaron el poder imperial con la dinastía Tang, en China, cuya caballería estaba compuesta por caballos celestiales muy poderosos importados desde los estados del Asia central. En cualquier caso, de vez en cuando hacíamos una parada cuando veíamos una yurta con pastores y algún remolque al lado, las familias al borde de la carretera vendían leche agría de yegua y kurt, un producto lácteo fermentado en forma de bolas de queso seco.
TOKTOGUL
Fue a la altura del embalse de Toktogul que las montañas en cresta de gallo aparecían acostadas sobre el agua, en grandes extensiones de tierra y en reposo el único sonido allí fue cuando nos dio el alto un hombre vestido con uniforme militar a la orilla de una de sus entradas. Luego, cuatro horas después, habíamos llegado a Bisket.
BISKET
Mi búsqueda en Bisket termino en la calle Razzakova, picando al timbre de un portón metálico de una vieja casa, una cortina azul hacía de puerta de mi cuarto. Con apenas dos metros cuadrados, una pequeña cama, la lámpara y una mesa de estudio, estaba más que servido, púes no compartía espacio con nadie.
Retóricas estatuas adornaban las plazas y parques de la ciudad, un monumento a Mijaíl Frunze, el conquistador bolchevique de Asia central. La estatua de Vladevir Lenin de pie con la mano abierta, o el guerrero legendario Manas montado a caballo, héroe épico del pueblo kirguís. La ciudad de Bisket conservaba su ideal soviético con esos grises y sobrios edificios construidos durante el dominio.
LAGO ISIK-KUL
Un día después iba hacia el este montado en una Marshrutka, colectivo público para 10 o 20 personas habitual de estos países. Fuera de la ciudad, por un valle rodeado de montañas y casas de campo situadas a lo largo del camino las nubes amenazaban con tormenta. En Balykchy la ruta se dividió en dos asomando el lago Isik-Kul imponente entre las cumbres. Siguiendo el trayecto por el norte los macizos recortaban el horizonte, y el aire era más fresco en el valle cuando llegué a Cholpon Alta. Lleno de rusos y kazajos que estaban de vacaciones pronto fui dejando atrás la vida tradicional del sur del país y su islam moderado para encontrarme un norte más rusificado. Gran cantidad de turistas se bañaban en aquel lago levemente salino, donde se divertían con las motos acuáticas, y salpicaban la arena de la playa familias enteras haciendo picnic.
En aquel lugar de veraneo gozaba de todas las comodidades. En un área donde se daba la pesquería la comida era barata, solía almorzar una trucha antes de irme a dormir la siesta. Pero unos pescadores que estaban sentados junto al muelle a la orilla del lago con sus cañas de pescar me dijeron que el equilibrio ecológico había sido alterado afectando a numerosas especies, como si alguna enorme criatura marina lo hubiera devorado todo. Años atrás, la armada soviética, tenía instalaciones secretas en el lago, donde evaluaba la tecnología de submarinos y probaba sus torpedos. Mi alma errante me había llevado hasta unos petroglifos, unas piedras esparcidas campo a través pintadas con animales como el leopardo de las nieves, y por los caminos podía ver en los cementerios inscripciones en las lapidas con el retrato del difunto, claramente ligado a la época socialista. Unas cercadas con ladrillo visto o forja de hierro y otras cubiertas en una especie de jaulas metálicas como de pájaro, con la media luna islámica y la estrella comunista. Habiendo recorrido 182 kilómetros de longitud hasta la ciudad de Karakol el lago endorreico era una inmensa masa de agua envuelto en leyendas. Una de ellas habla de una misteriosa ciudad bíblica, cuyas fuentes afirman que había un monasterio donde se guardaban las reliquias de san Mateo el evangelista, uno de los doce discípulos de Jesús.
KARAKOL-JETI OGUZ
En Karakol una ciudad fundada por los rusos en el siglo xix, me hospedé en un hotel, una casa tradicional cerca de la iglesia ortodoxa rusa, hecha está en madera. Durante unos días vagué por allí haciendo caminatas, en el parque nacional Karakol Valley bordeaba el río y en un par de horas las montañas se arracimaban sobre un valle rocoso donde pastaban libres los animales. Pero a medida que iba explorando, todo iba cambiando, en el pueblo Jeti-Oguz, aquel bioma alpino metamorfoseaba en formaciones de arenisca rojiza, rocas rojas que se habían dividido en siete partes formadas por siglos de erosión del río que baja de las montañas.













India – Festival Holi en Mysore