
Lanzarote es la isla más oriental y la tercera más poblada del archipiélago canario, en el océano atlántico. Es conocida por su clima cálido todo el año, sus playas y paisaje volcánico. Su punto más septentrional es el cabo o Punta Faraones, y el más meridional, punta del Papagayo. En esta isla hay para todos los gustos, podrá hospedarse en modernos centros turísticos o bien en pequeños pueblos donde se respira tranquilidad.




Pero no todo se queda ahí, en esa amalgama de tonos transparentes, hay que visitar las playas en el sur. Muy cerca de playa Blanca, por una carretera de tierra que no dista más de dos kilómetros de distancia y pagando la entrada de 3 euros por vehículo al parque natural de los Ajaches se llega a una zona árida y desértica conocida como la Punta del Papagayo. Esta área cuenta con parking y zona de acampada cercana, además de que hay un pequeño chiringuito al borde del acantilado donde se puede comprar bebida o comer.


Hablamos de un litoral rodeado de playas y pequeñas calas en un paraje virgen, un lugar fuera de duda que le hará pensar que ha llegado a otro planeta. Tierra rojiza, arenas doradas, paredes de rocas volcánicas, acantilados y afilados riscos a la orilla del mar, y esas escaleras que le conducirán hacia un increíble mar esmeralda y celeste. Un páramo casi desértico a los pies del océano Atlántico, que más bien parece la morada de un dragón, como si ese animal mitológico hubiera escupido fuego, el cielo y la tierra ardieran. Playa Papagayo, Playa Mujeres, o la Playa de la Cera, todas de una inusitada belleza.


Aquel día que salimos a rodar unos amigos y yo en coche de alquiler hicimos la primera parada en las Salinas de Janubio. Estas se crearon por erupciones volcánicas entre el mar y la laguna. El color rojo de las salinas es debido a las bacterias, las algas, los organismos y a un pequeño crustáceo llamado artemia. Esta sal marina brilla como formando diferentes espejos en cuadriculas o rectángulos de tierra esparcidas por la laguna, con el sol y la brisa marina del atlántico, y se sigue obteniendo mediante métodos tradicionales, de manera manual.


Kilómetros adelante nos encontramos con los Hervideros, acantilados erosionados con cuevas y bufadores que resoplan bravíos ante el enfurecido mar. El Charco de los Clios o Charco Verde nos llamó la atención con ese color intenso entre el azafrán, la arena negra y el mar. Todo en Lanzarote parecía cubrirse de un paisaje lunar, azotado por las continuas erupciones, moldeado de cráteres y lava petrificada en rocas con formas extrañas, y lo hacíamos circulando por una carretera en zigzag que parecía perderse por entre las grietas. Todo esto nos ofreció el Parque Nacional de Timanfaya. En la llamada ruta de los volcanes se puede hacer senderismo, pero más que nada se paraliza uno al caminar por un lugar que esta tan quieto que parece no tener vida. También puede uno detenerse en los viñedos de la Gería, y ver como se cultiva la planta en una especie de hoyo semicircular entre piedras volcánicas. Siguiendo la ruta hacia la costa norte nos detuvimos en Playa Famara, que, situada a los pies de un risco montañoso, y con seis kilómetros de extensión es ideal para la práctica del surf debido al predominio de sus vientos alisios y buenas olas. Tiendas de surf, locales, escuelas para la práctica del deporte, viajeros y buena onda en este pequeño pueblo con apenas 1000 habitantes.

Nuestra siguiente parada fue en Haría, donde encontramos entre tuneras y cactus una de las zonas más verdes y fértiles de la isla, con un microclima especial conocido como el valle de las mil palmeras, es un lugar muy tranquilo, con esas casas blancas, balcones, puertas y verdes ventanas que adornan sus pequeñas plazas. Se puede visitar la Casa Museo de César Manrique, el hogar donde vivió el artista hasta su muerte en 1992.


Más al norte está el Mirador de Guinate y el Mirador del Río, obra del artista César Manrique, donde se puede contemplar las islas de la Graciosa, Alegranza, Montaña clara, que forman parte del Archipiélago Chinijo. Diferentes perspectivas para deleitar la vista desde cualquier punto, incluso sin bajarse del coche, desde la carretera.

Costa Teguise es una zona turística en la costa este de la isla, conocida por la playa de las Cucharas, y su animado paseo. Si bien no tiene el encanto de lo histórico, se pueden encontrar bares y tiendas para practicar actividades deportivas, y goza de una buena infraestructura cerca de la costa para pasar el día.


Para terminar la tarde nos deleitamos con bonitos pueblos costeros de casas blancas y encantadores paseos frente al mar. Punta Mujeres, Las Caletas en Arrecife, Playa Honda, Playa del Carmen. Todo esto y mucho más se lo puede ofrecer Lanzarote, un promontorio rocoso frente a la costa de África Occidental que se creó a partir de erupciones volcánicas, una isla particular que le hará sentirse en un lugar diferente a lo que pueda ser un simple destino de sol y playa.









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