Singapur es oficialmente una ciudad-estado ubicada al sur de la península de Malasia, y uno de los cuatro tigres asiáticos junto a Taiwán, Hong Kong y Corea del Sur. Es el país más pequeño del sudeste asiático con una población que sobrepasa los cinco millones con un centro financiero y comercial de clase mundial que tiene una de las mayores rentas per cápita del mundo. Cuando salimos del aeropuerto en taxi hacia el centro enseguida nos dimos cuenta de la limpieza impoluta de la ciudad y su orden con vías peatonales y carriles para bicicletas. No tardamos nada en dejar nuestro equipaje en el hotel y salir en la noche a dar un paseo. En en embarcadero de Clark Quay el área donde nos hospedamos, Mariajose no imaginaba una ciudad tan moderna y desarrollada. El paseo en barco por el río Singapur nos iba aproximando hacia la parada de Boat Quay silenciosamente, sin el ruido ambiental característico de Bangkok, solo parejas de enamorados y turistas con cámara sacando fotos a las personas que cenaban en las terrazas que están pegadas a la orilla del río.
En los pocos días que estuvimos en Singapur, visitamos Kampong Glang o barrio árabe, Little India, la pequeña india, y Chinatow el barrio chino. Realmente, esa es la razón por la que me gusta tanto el continente asiáticos. Esa mezcla de culturas, malayas, árabes, chinas, indias que invitan al visitante acercarse a ellas para llevarse en la memoria un viaje inolvidable. La libertad religiosa en Singapur convive sin ningún inconveniente en un país multicultural, pero con el añadido de que por cualquier cosa te puede caer una sanción.
Cuando Mariajose se puso a entonar el Asturias patria querida en Chinatown no sabía que podía ser multada por cantar una cancíon obscena. A ella le encantaba comer pollo picante, pato asado y beber cerveza en el barrio chino que era de lejos el más limpio que yo había visto. Como si la cultura china se caracteriza en sí, por tener un espacio de estrechas calles ordenadas, no escupir en publico o cruzar la carretera fuera de un paso de peatones. Los carteles con las prohibiciones se anuncian por todos los lados. Mal parados íbamos acabar si nos daba por tirar un papel en la calle, mascar chicle o comer y beber en transportes públicos. Por decir algo más, en Singapur se utiliza la pena capital para los delitos más graves como puede ser el trafico de drogas. Lo que teníamos claro es que estábamos en un país muy seguro. Singapur garantiza la integridad física las 24 horas, es uno de los países mas seguros y desarrollados para vivir del mundo .






















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