Tanto mujeres como hombres, llegaban a Kaosan Road buscando alojamiento barato. Era imposible evitar los vendedores ambulantes. Todo se ofrecía en aquella calle, la idea occidental de control sanitario allí se desbarataba; pequeñas motocicletas con bandejas y restaurantes ambulantes de insectos comestibles se hacían hueco entre las aceras. Por unos bats podías degustar gusanos fritos de todas las variedades, escorpiones, hormigas, saltamontes, escarabajos, cucarachas; la lista era interminable. Los insectos servían de dieta alimentaria y algunos extranjeros no vacilaban en degustarlos para sacarse una foto.
Caminar por aquella calle era como acudir por primera vez a un concierto de los Rolling Stones; pasito a pasito te ibas abriendo paso entre la muchedumbre. Encontrabas todo tipo de puestos de comida, de fruta, de souvenirs y de tiendas para regatear la ropa pirata de todas las marcas. Fácilmente, podías cambiar de identidad y falsificar documentos. Cuando llegaba la noche los carteles luminosos de los bares y pubs se encendían y todas las mesas se llenaban de gente. Lo más común era pedir bukets, unos cubos llenos de alcohol. El ruido y la actividad no cesaban y muchas jovencitas tailandesas se sentaban a compartir mesa, ofreciendo noches de sexo.
Exploré la vida nocturna y quedé asombrado con la cantidad de zonas de tolerancia que podía uno encontrar. Había tres barrios rojos que ofrecían una vista sórdida de la ciudad: Soi Cowboy, Pat Pong y Nana Plaza. Entre luces de neón, barras strippers y sillones aterciopelados, ofrecían sus servicios sexuales jovencitas menores y mayores de edad. Todo estaba permitido. No había límites.
En Soi Cowboy, el calor era sofocante, las gotas de sudor caían por todos los rostros, el fuerte olor a cuerpos se sentía en el interior de las salas. De repente estaba inmerso en un laberinto oscuro, denso; viviendo una experiencia sensorial desaforada.
Pat Pong era una calle transversal llena de tenderetes de metal cubiertos por lonas de plástico donde vendían ropa, relojes, bolsos, playeros, todo tipo de productos de imitación. Sobre el mismo lateral a pie de calle, los carteles de Neón anunciaban, Show girls, Super Pussy, Massage y Happy Hour toda la noche. Se podía decir que era un mercadillo en medio de los bares de prostitutas y las familias que iban de compras.
En Nana Plaza los prostíbulos se repartían indefinidamente por los tres pisos de todo un complejo. Era un antro dentro de otro antro donde subían y bajaban las escaleras enseñando las nalgas los kathoey o mujeres transgéneros dando rienda suelta a su naturalidad.























Singapur – Orchad road y la isla Sentosa