Kon Lo Cave
A la mañana siguiente hicimos un apacible recorrido, pero era inevitable sentir el magnetismo que nos llevaba hacia la boca de la montaña. Después de pasear por el pueblo compramos los billetes para la entrada. Nos designaron dos guías y nos dieron chalecos salvavidas. La entrada subterránea era inmensa. No me imaginaba la magnitud de las dimensiones; al ingresar sentí que estaba viajando al mismísimo centro de la tierra, como en la historia de Julio Verne.
La cueva Kong Lo era algo paralizante. Nos adentramos, en un bote de madera, 7.5 kilómetros bajo tierra a través de un diminuto cauce por debajo de la montaña. Fue un escalofriante y silencioso viaje a las profundidades. La tierra nos había engullido. Dentro de aquellas paredes que medían hasta cien metros de altura cabían edificios. Las luces de los cascos de los guías nos servían de ojos en la oscuridad. El silencio, el vacío, la calma, esa gota de agua que cae de la punta de una estalactita y puede escucharse, todo hacía parte de la densa oscuridad. Era inevitable sentir escalofríos. Parecía como si la oscuridad estuviera próxima a engullirnos, el tiempo pasaba lentamente hasta que vimos un resplandor tenue al fondo: era la salida del otro lado de la montaña. Ver de nuevo la luz fue como despertar, dejar atrás la sombra del sueño para salir a la luz del día.
Pakse
Después de esta expedición partimos hacia Pakse. Babajicarlos decidió caminar los ocho kilómetros que había desde la estación del bus hasta la ciudad. Lo esperé en un albergue que habíamos acordado, como me perdí en la búsqueda, llegamos al mismo tiempo. Subimos juntos a la habitación y descansamos. Al día siguiente nos dirigirnos en un furgón hacia Si Phan Don, un archipiélago ubicado en el río Mekong, en la provincia de Champasak, al sur de Laos. El clima era fresco e íbamos dejando atrás una meseta de plantaciones de té y café, hasta que finalmente llegamos. Desde la orilla se veían multitud de islas, algunas eran simples bancos de arena y otras estaban habitadas todo el año. Don Khong, Don Det y Don Kho eran las principales. Nos trasladamos en barca a Don Det y rentamos una cabaña. Alquilé una bicicleta y recorrí el lugar pasando de una isla a otra por unos viejos puentes de hormigón. Fueron unos días bastante tranquilos.
Pero cuidado con la serenidad, los turistas suelen pasar el día tumbados en una pequeña cala que hay a la llegada de la isla, un baño para refrescarse, no esta mal cuando pega el sol. Fue así cuando me di cuenta que no estaba en el caribe. La playa no es más que un trocito de arena en medio de la jungla y el poderoso Mekong no es un lugar idílico para el baño, cuidado con las serpientes en Laos, el entorno es pura vegetación selvática y esta plagado de estos reptiles, tanto en el agua como en tierra.



















Vietnam. Mercado Flotante Cai Rang.