Ese mismo día, más tarde, me encontré con Babajicarlos y decidimos continuar con el viaje. Compramos los pasajes hasta Dien Bien Phu, cerca de la frontera con Laos. Fueron varias horas de trayecto; llegamos al atardecer y ahí pasamos la noche, y a la madrugada siguiente estábamos listos para seguir rumbo a Laos. A las cuatro y treinta de la madrugada sonó el despertador y una hora más tarde salió nuestro nuevo vehículo. Viajamos unos cuarenta kilómetros hasta la frontera, en un minibús, nos sellaron el pasaporte con la salida de Vietnam y varios kilómetros más adelante nos encontramos con la frontera de Laos. Era un paso por el cual no llegaba mucha gente. Babajicarlos tramitó su visado, nos tomaron la temperatura corporal por la alerta de fiebre porcina, y seguimos.
Ya en territorio laosiano, la carretera se puso horrible. Nos enfrentamos a ochenta kilómetros montañosos, con el agravante de que las lluvias derrumbaban tramos del camino constantemente. La tierra se deslizaba entre riachuelos y barrizales. No fue fácil. Necesitamos catorce horas para salvar una distancia de ochenta y cinco kilómetros. De repente la carretera acabó abruptamente en el río Nam Ou y bajamos del bus. Un barquero esperaba para cruzarnos al otro lado, cosa que hicimos de inmediato. Luego de atravesar el río llegamos a Muang Kua, donde la lluvia era intensa. Babajicarlos esperó con las mochilas y yo fui a dar una vuelta de reconocimiento al poblado.















Laos – Moung Ngoi, Nong Khiam.